3 de cada 10 argentinos apostaron en el 2025, según el informe sobre juego de 2025 de la Asociación de Loterías Estatales Argentinas (ALEA). De los apostantes, el 68% corresponde a la Generación Z, de entre 18 y 25 años, y apuesta digitalmente.
Los resultados del informe, realizado por Taquion Group, evidencian un crecimiento sostenido del juego online entre la población adulta en Argentina, especialmente entre los segmentos más jóvenes. El canal digital se consolida como el principal: el 71% de quienes apuestan lo hacen a través de plataformas digitales, con una expansión significativa respecto del año anterior.
Este crecimiento es paralelo a la masificación de los pagos digitales, con billeteras virtuales y transferencias, que permiten una experiencia de juego más inmediata y cotidiana. También aumenta la percepción de apostar “mucho” o “en exceso”, lo que sugiere una mayor conciencia de los jugadores.
El 69% de apostantes es de la Generación Z
La Generación Z, entre 18 y 29 años, se consolida como el segmento más activo y con mayor incidencia en las prácticas de juego. Este segmento de población representa el 69% de los apostantes, mientras que la generación anterior, la Y, entre 30 y 42 años, representa el 42% de los jugadores en Argentina. La generación X supone el 22% de los jugadores, y los baby boomers, apenas el 17%.
Su fuerte participación ayuda a explicar por qué hoy el juego es mayoritariamente digital: un segmento que concentra los niveles más altos de involucramiento y ordena las formas de juego a partir de su vínculo natural con los entornos digitales, impulsando la consolidación del juego online y las apuestas en plataformas digitales.
En cuanto a la concienciación, un 34% percibe la dependencia como un riesgo, frente a un 21,8% en 2024. Además, 3 de cada 10 jugadores frecuentes creen que apuestan mucho o en exceso, frente a un 7% en 2024.
No obstante, 6 de cada 10 padres están preocupados por que sus hijos puedan jugar. Según el estudio, el nivel de preocupación de los padres frente al acceso de adolescentes al juego online ilegal se mantiene constante respecto de 2024. Sin embargo, esta preocupación no parece traducirse en herramientas de control o acompañamiento efectivas.
Si bien el diálogo aparece como la respuesta predominante dentro del ámbito familiar y aumentó en relación a 2024, abordar el problema se apoya en estrategias informales, con poca articulación con instancias profesionales o especializadas.
Al tiempo, el juego se integra al espacio doméstico, tanto en la circulación de dinero como en efectos visibles sobre la vida cotidiana de los adolescentes. La persistencia de consecuencias vinculadas al descanso, el rendimiento y la sociabilidad, junto con una baja percepción del riesgo y confusión sobre la legalidad de las plataformas, configura un escenario de exposición sostenida, donde la preocupación adulta no siempre logra traducirse en mecanismos efectivos de prevención y cuidado.
La oscuridad del juego ilegal
Por otro lado, el 6% de padres sabe o cree que sus hijos apuestan online de manera ilegal. Eso representa el 2,2% de la población adulta argentina. Y el 36% de los padres con hijos que apuestan sabe que lo hacen al menos una vez por semana (el doble que en 2024). Además, más del 40% detecta consecuencias negativas en la conducta de sus hijos por jugar. Y apenas un 1% de los padres de hijos adolescentes busca ayuda profesional.
El 28% de los adolescentes declaró haber apostado alguna vez, mientras que el 37% de quienes juegan lo hacen al menos una vez al mes. Por último, el 77% cree estar apostando en plataformas legales.
Una proporción relevante de adolescentes que apuestan no identifica su práctica como ilegal, al considerar que participa en plataformas “legales”, aun cuando el juego se encuentra prohibido para menores de edad.
En este sentido, ALEA recalca que “la participación temprana en prácticas de juego vulnera procesos de desarrollo aún en curso en la adolescencia, como el autocontrol y la toma de decisiones, que pueden verse condicionados por la falta de límites y mediaciones adecuadas”.
ALEA detecta que la exposición de los adolescentes al juego “se desarrolla en entornos digitales donde conviven plataformas ilegales, promoción poco regulada en redes sociales —especialmente a través de influencers— y un acceso inmediato a múltiples medios de pago digitales, con escasas barreras de ingreso”.
La asociación añade que “la combinación de estos factores configura un escenario de exposición sostenida entre los adolescentes. 3 de cada 10 han participado en apuestas online ilegales el último año”.
El 37% de quienes juegan declaran hacerlo de forma frecuente, y el 68% elige billeteras virtuales como medio de pago para apostar online. El problema, insiste ALEA, es que estos menores creen que están jugando legalmente: casi 8 de cada 10 menores que juegan creen que juegan en plataformas legales, aun cuando el juego online está prohibido para menores, y un 11% no percibe ningún riesgo asociado a la práctica.
Publicidad encubierta
En cuanto a los desafíos, el estudio revela que el ecosistema digital se consolida como el principal espacio de exposición al juego online. La publicidad en redes sociales crece de forma sostenida y se combina con formas de promoción menos explícitas, donde influencers, conocidos y pares funcionan como vectores de circulación de contenidos asociados a las apuestas, incluyendo la promoción de sitios a veces ilegales. Esta lógica, insiste ALEA, amplía el alcance del juego más allá de los formatos tradicionales y dificulta la identificación clara de qué es publicidad, qué es recomendación y qué es entretenimiento.
Al mismo tiempo, crece la percepción social del juego online como una problemática. Sin embargo, “esta mayor conciencia no se traduce en consensos claros sobre la legalidad de las apuestas ni en un conocimiento y uso efectivo de las herramientas de cuidado disponibles, lo que refuerza la brecha entre preocupación social y capacidad real de prevención”, asegura el informe.
En cuanto a publicidad, 4 de cada 10 argentinos vio publicidad de apuestas online en redes sociales. Y un 37% de los adolescentes tuvo su primer acercamiento a las apuestas ilegales por redes sociales. El estudio también revela que el 76% de los argentinos piensa que las apuestas online son un problema en Argentina, aunque no hay consenso sobre su carácter legal.
El informe confirma una serie de tendencias que ALEA viene observando de manera sostenida en los últimos años. En un contexto de digitalización global, el juego online no fue la excepción y se consolidó entre la población adulta, con una presencia particularmente fuerte en los segmentos jóvenes.
Nuevos desafios tecnológicos
La integración de dispositivos, plataformas y medios de pago digitales de uso cotidiano facilita la expansión, en un proceso que no solo amplía el alcance del juego, sino que también modifica sus dinámicas. La posibilidad de apostar en cualquier momento y lugar, sumada a la velocidad de las transacciones digitales, configura un entorno que requiere nuevas herramientas de control, prevención y cuidado, acordes a la realidad tecnológica actual.
ALEA considera que el foco del problema está en la ilegalidad. Uno de los principales aportes de este informe es “la necesidad de ordenar el debate público en torno al juego online. El crecimiento de la actividad no puede analizarse sin distinguir entre los sistemas regulados y los entornos que operan por fuera de la legalidad”.
Para ALEA, esta distinción es central. El juego legal funciona en un marco normativo con obligaciones claras para los operadores y garantiza mecanismos de protección. Entre otros aspectos, el sistema regulado permite verificar la edad para impedir el acceso de menores, la trazabilidad de las operaciones, la disponibilidad de herramientas de prevención y cuidado, como la autoexclusión y la supervisión permanente por parte de los organismos competentes.
Por el contrario, las plataformas ilegales operan al margen de estos controles. No ofrecen garantías, no cuentan con mecanismos efectivos de protección y exponen a los usuarios a mayores riesgos, tanto desde el punto de vista económico como social. En este sentido, la legalidad no es una formalidad administrativa, sino un sistema de cuidado que protege a las personas y ordena el funcionamiento de la actividad.
Respecto a los riesgos, ALEA refleja el acceso de los menores a las apuestas como el mayor desafío, especialmente a las no autorizadas. La combinación de desinformación, baja percepción de riesgo y ausencia de controles efectivos facilita situaciones de exposición temprana al juego.
En segundo lugar, la publicidad encubierta y la promoción informal en entornos digitales aparecen como canales de entrada significativos, particularmente entre adolescentes y jóvenes. La circulación de contenidos a través de redes sociales, influencers y pares complejiza los mecanismos tradicionales de regulación y control.
Asimismo, el uso extendido de medios de pago digitales sin barreras suficientes refuerza la necesidad de revisar y fortalecer los mecanismos de verificación y prevención, en articulación con los distintos actores del ecosistema digital.
Por último, el informe muestra que, aun cuando existen herramientas de cuidado disponibles, estas resultan subutilizadas, lo que nos desafía a seguir profundizando en la difusión, información y educación en torno al juego responsable para una mejor comprensión por parte de la población.