El primer informe de la Dirección Nacional de Loterías y Quinielas (DNLQ) confirma la resiliencia del punto de venta físico, la hegemonía del ‘Cinco de Oro’ y una percepción ciudadana que desliga a la industria del estigma de la ludopatía
El mercado de los juegos de azar en Uruguay atraviesa una fase de madurez comercial y un fuerte arraigo cultural, sosteniendo un volumen de negocio multimillonario. Según datos oficiales, las apuestas en juegos lotéricos, quinielas y plataformas autorizadas por internet superaron la barrera de los 700 millones de dólares durante el ejercicio 2025.
A esta cifra se suma un volumen similar generado por los casinos físicos, salas de entretenimiento y la industria hípica, consolidando al sector como un motor económico fundamental a nivel nacional.
En este contexto de alta transaccionalidad, la Dirección Nacional de Loterías y Quinielas (DNLQ) ha dado un paso estratégico en su política de juego responsable y estructuración del mercado.
A través de la Usina de Percepción, el regulador uruguayo ejecutó en noviembre de 2025 la «Primera Encuesta de Opinión Pública sobre Juegos de Azar y Apuestas», un estudio representativo basado en 500 casos que expone, por primera vez con evidencia estadística, los hábitos de consumo y la percepción social del juego en el país.
El hallazgo más contundente del informe es la masiva penetración de la industria en la sociedad uruguaya: casi 9 de cada 10 ciudadanos (88%) declaran jugar o haber participado en juegos de azar en algún momento de su vida.
La demografía del jugador promedio se inclina hacia el género masculino, los mayores de 45 años y los estratos de mayor nivel socioeconómico, con una fuerte concentración de actividad en la capital, Montevideo. En contraste, un tercio de la población más joven afirma mantenerse al margen de las apuestas.
A pesar de la inercia global hacia la digitalización, el mercado uruguayo exhibe una fidelidad inquebrantable al canal físico (retail). El 61% de los usuarios canaliza sus apuestas exclusivamente de forma presencial , una tendencia liderada por los mayores de 45 años y sectores de alto poder adquisitivo.
La penetración del juego online, si bien avanza, representa apenas la opción principal para el 12% de los encuestados , concentrándose mayoritariamente en los menores de 45 años. Un 6% adicional declara alternar indistintamente entre ambas modalidades.
En cuanto al mix de productos, las verticales lotéricas tradicionales ostentan una hegemonía absoluta. El icónico «Cinco de Oro» es el líder indiscutido del mercado, siendo elegido de forma frecuente por casi 9 de cada 10 apostadores.
Le sigue de cerca la Tómbola, preferida por más de dos tercios de los usuarios , mientras que formatos de resolución instantánea como la Raspadita y la tradicional Quiniela captan la atención de la mitad del mercado.
El reporte también identifica un segmento minoritario (5%) que se decanta por otras alternativas, donde destacan las apuestas hípicas y los juegos de casino online.
La industria cuenta con una base de clientes altamente activa. Más del 50% de los usuarios participan en el mercado al menos una vez al mes. De este bloque, el 21% sostiene una frecuencia de juego semanal , un comportamiento que predomina fuertemente en la clase media.
Curiosamente, la frecuencia de juego revela una correlación inversa con el nivel de ingresos y la geografía: los estratos socioeconómicos bajos y los residentes del interior del país juegan con mayor asiduidad, mientras que los ciudadanos de ingresos altos y los montevideanos espacian más sus apuestas.
Al analizar los motores de consumo, la rentabilidad esperada domina sobre el ocio. El 52% de los jugadores admite que su motivación principal es «la posibilidad de ganar un gran premio». Solo el 20% enmarca su participación de forma primaria bajo la «diversión o entretenimiento» , un enfoque que crece de forma directamente proporcional al nivel socioeconómico.
Desde el plano regulatorio y de gobernanza, los datos resultan alentadores para el regulador. La percepción social del juego en Uruguay está lejos de ser estigmatizada. El 43% de los ciudadanos está «totalmente de acuerdo» en que es posible apostar de forma responsable sin desarrollar una adicción.
A nivel de patologías subyacentes, un 32% de los encuestados se muestra «totalmente en desacuerdo» con la afirmación de que «las personas que juegan tienen problemas». Únicamente un 6% correlaciona el juego directamente con problemáticas adictivas de forma rotunda.
La DNLQ concluye en su informe que los indicadores actuales de frecuencia, motivación y gasto no permiten inferir «la presencia de un gran problema social con el juego». No obstante, la autoridad se ha comprometido a consolidar estas encuestas de manera periódica para garantizar un monitoreo estadístico que permita al Estado actuar con evidencia frente a cualquier desviación futura del mercado.