España sigue siendo un mercado atractivo para muchas empresas del sector. Su normativa lleva años funcionando y la estabilidad es una de sus cualidades más apreciadas

En Gaming Intelligence Español hemos conversado con la Lead Sales Manager LATAM en BGaming, Paulina Hovar, para conocer las claves del trabajo de su compañía en España. Con una posición bastante consolidada, el crecimiento de BGaming se centra menos en captar nuevos operadores y más en mejorar la relación con los que ya existen. La retención, la personalización y una experiencia de usuario fluida y fiable son mucho más importantes que antes.

Con varias empresas de iGaming apuntando a España en los últimos meses, ¿qué es lo que hace que este mercado sea particularmente atractivo en comparación con otros territorios europeos regulados?

España resulta atractiva actualmente porque es uno de los pocos mercados regulados en Europa que es realmente predecible. El regulador ha mantenido la coherencia a lo largo del tiempo, lo que permite a los operadores planificar con antelación en lugar de reaccionar constantemente.

Otro factor es que España no es solo un mercado en sí mismo, sino también una puerta de entrada práctica a Latinoamérica.

La similitud lingüística y cultural facilita la comprensión del comportamiento de los jugadores y las preferencias locales. Los equipos que adquieren experiencia en España suelen comprobar que esta se traslada bien a ciertos mercados latinoamericanos. Incluso algunos estándares de certificación y prácticas operativas pueden aplicarse, lo que reduce las barreras de entrada.

Tras su apertura en 2011, España se encuentra actualmente en una fase intermedia entre el mercado emergente y el saturado. ¿En qué áreas ha madurado más el mercado en los últimos años y dónde ve aún margen de crecimiento?

En los últimos años, el mercado español ha madurado en lo que respecta a los operadores. Los usuarios son más exigentes. Comparan productos, cambian de proveedor con mayor frecuencia y esperan que todo funcione a la perfección.

El nivel de calidad general ha aumentado y los operadores ya no pueden depender de ofertas básicas.

Por ello, el crecimiento se centra menos en captar nuevos operadores y más en mejorar la relación con los que ya existen. La retención, la personalización y una experiencia de usuario fluida y fiable son mucho más importantes que antes.

La personalización es un área que aún no se ha explotado por completo. Los usuarios españoles responden bien a los productos que reflejan su cultura y preferencias, y todavía hay margen de mejora en este aspecto.

¿Qué distingue a los jugadores españoles de los de otros mercados regulados y qué importancia tiene la localización —ya sea en pagos, contenido o UX— para el éxito sostenido en estos mercados?

Los jugadores españoles destacan principalmente por su sensibilidad a la relevancia. Esperan que todo les resulte familiar: el idioma, el tono, los elementos visuales e incluso el flujo del producto.

Es fundamental acertar con los detalles locales, desde los métodos de pago hasta la UX y el estilo visual. Los jugadores esperan una experiencia clara y familiar, con opciones de pago que reconozcan y en las que confíen, y contenido que refleje su cultura e intereses.

España ya cuenta con un marco regulatorio bien establecido gracias a la DGOJ. ¿Lo considera más una posible barrera para el crecimiento o una base para la estabilidad a largo plazo?

Desde la perspectiva de un proveedor de juegos, un marco estructurado como el de la DGOJ es más una base que una barrera. Las normas son claras, por lo que hay muy poca ambigüedad. Esto reduce el riesgo legal y facilita la planificación a largo plazo.

Para los operadores, puede resultar más restrictivo. Existen barreras de entrada reales y una carga constante de cumplimiento normativo, y España sigue siendo uno de los mercados más estrictos de Europa en este sentido. Pero, en general, esa misma rigurosidad es lo que genera estabilidad. Mantiene el mercado predecible y fomenta la confianza, lo que, en última instancia, permite un crecimiento más sostenible.

Dada la continua adaptación de la DGOJ de los estándares de cumplimiento y tecnología, y sus avances hacia los pagos con criptomonedas, ¿está el regulador haciendo lo suficiente para apoyar la innovación dentro de su marco regulatorio?

Sin duda, no se quedan de brazos cruzados. La DGOJ está actualizando los estándares y, al menos, abriendo la puerta a tecnologías como los pagos con criptomonedas, lo que ya demuestra una mentalidad más moderna que la que se observa en otros mercados regulados.

Pero sigue siendo un sistema cauteloso. Y esa es la contrapartida: el marco regulatorio es sólido y proporciona estabilidad, pero naturalmente ralentiza un poco las cosas a la hora de probar nuevas ideas o implementar rápidamente nuevas tecnologías.

Así pues, la base para la innovación está ahí, pero el siguiente paso se centra en la velocidad y la flexibilidad. La rapidez con la que el marco regulatorio pueda adaptarse a las nuevas tendencias determinará la competitividad del mercado a largo plazo.

Si el interés por España continúa, ¿cómo prevé que evolucione el mercado en los próximos 2-3 años? ¿Y cómo deberán diferenciarse las empresas ante una mayor competencia?

En los próximos 2-3 años, es probable que España adopte una regulación aún más estricta, especialmente en lo que respecta a la publicidad y las bonificaciones. Esto probablemente hará que las herramientas de captación tradicionales sean menos efectivas que en la actualidad.

Como resultado, el mercado seguirá evolucionando, pasando de una competencia centrada en la captación a una centrada en el producto. El enfoque estará menos en atraer usuarios y más en lo que sucede una vez que están dentro.

La diferenciación provendrá de factores como la calidad de la experiencia de usuario, la relevancia del contenido y la personalización y adaptación de las experiencias a las expectativas locales.

La retención y el compromiso a largo plazo serán más importantes que las actividades promocionales a corto plazo, y ahí es donde se creará la mayor parte de la brecha competitiva.