Casi 250.000 personas sufren problemas asociados al juego problemático en el país, con una tasa de participación en apuestas significativamente mayor entre los jóvenes de 12 a 17 años que entre los adultos.

La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025, elaborada por la Secretaría de Salud de México, ha incluido por primera vez métricas específicas sobre la participación de la población en juegos de apuestas y azar, revelando que cerca de cuatro millones de personas (3.967.014 individuos de entre 12 y 65 años) participaron en esta actividad durante los últimos 12 meses.

Del universo total de participantes en juegos con apuestas, el informe elaborado junto con la Comisión Nacional contra las Adicciones (CONASAMA) estima que 249.000 personas —un 6,3 % del total de jugadores— presentan criterios clínicos coincidentes con el trastorno por juego problemático o ludopatía.

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio se centra en el comportamiento por rangos de edad. Los datos de la ENCODAT 2025 señalan que la prevalencia del juego con apuestas entre la población adolescente (12 a 17 años) alcanza el 6,9 %, superando con claridad la tasa registrada entre la población adulta, que se situó en un 3,9 %.

La participación en este grupo de edad muestra además una importante brecha de género, alcanzando un 9,2 % en el caso de los hombres adolescentes frente a un 4,5 % en el de las mujeres adolescentes.

Asimismo, el estudio advierte que un 7 % de los adolescentes que participan en apuestas padece conductas relacionadas con el juego problemático, viéndose este fenómeno impulsado principalmente por la elevada conectividad móvil, la digitalización de la oferta y la normalización de estas actividades a través de plataformas digitales y patrocinio deportivo.

Las autoridades sanitarias mexicanas señalan que el trastorno por juego de apuestas constituye un desafío emergente de salud mental que requiere seguimiento continuo y estrategias de prevención focalizadas. La ENCODAT 2025 enfatiza la necesidad de vigilar el acceso de menores a estas modalidades digitales y diferenciar el uso recreativo del juego compulsivo, caracterizado por la pérdida de control, la recurrencia para recuperar pérdidas e impactos en el ámbito familiar o personal.